jueves, 2 de junio de 2011

Pequeña

Echo de menos aquellos tiempos pasados, cuando yo era una cría enana y feliz, sin dudar de nadie. Sabía sonreirle a todo y todo el mundo sabía sonreirme a mí, hacerle daño a alguien era trampa, y no importaba el color de tu piel, no importaba nada, simplemente se vivía. Lo que más amargaba mi vida eran los deberes, los cuales me duraban quince minutos y no más, el cromo tan ansiado era el mejor regalo que alguien podía hacerme. Una bolsa de chucherías podía hacer que me callara todo el viaje en coche, podía darte un beso y nadie me miraba raro. Una tarde en el parque? La mejor. No se necesitaba alcohol, tabaco o demás para pasarte la mejor tarde del mundo, tan sólo un balón, o bueno, en mi caso, una barbie y todas mis amigas. Yo era tal y como era, bueno no, todos eramos tal y como eramos, y nos queriamos así, no criticábamos a nadie, aceptábamos a todos. Los quería tanto a todos...y han cambiado tantísimo. Pero yo sé que todos recordamos esos días felices... y yo sé que todos aquellos con los que pasé mi infancia, que no son pocos, siguen siendo en una pequeña parte como eran antes...

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