viernes, 7 de junio de 2013

Sin título.
Sin título porque no es necesario ponerle uno a todo lo que hagamos o escribamos en esta vida.


¿Cuál es la mayor mentira que jamás te has contado? Ésa que te costó mucho contarte porque sabías que te costaría muy poco creerte. No vale cuando dijiste que era la primera vez que te pasaba, porque ahí creíste estar engañada. Tampoco cuando dijiste te echo tanto de menos, porque ahí engañaste a domicilio. Me refiero a la mentira íntima más gorda, fea y cochina que jamás te haya colado tu propia ilusión en su acepción más ilusa. 

Estoy hablando de esa mentira con la que cada vez es más divertido convivir. Estoy hablando de la gran mentira íntima al alcance de todos los bolsillos. Estoy hablando de eso a lo que llamamos SEGURIDAD.

No hay nada más mentira que estar seguro de algo. Ni nada más peligroso que estar en posesión de la verdad. En su versión cotidiana, nada peor... que tener razón. La gente que tiene respuestas para todo llegan a Presidente de los Estados Unidos, así que ándate con cuidado. Y la gente que tiene preguntas para todo son las que inventaron las vacunas conocidas, así que toma nota. Asegurarse, un verbo detrás del cual se nos ve la pluma de la ignorancia, el plumón de la idiotez y el plumero del miedo. 

Lo peor es que no hay industria más rentable que la del miedo. El miedo es impersonal, transferible y terriblemente contagioso, se propaga sin costes de transporte y encima, con cada contagio, va mutando el virus, con lo que se hace cada vez más imposible su erradicación definitiva.

Al fin y al cabo, qué hay de malo en arriesgarse. O mejor, qué hay de bueno en no arriesgarse. Sufrir de lo mismo que sufrimos ya, pero más tarde. Seguir como estábamos, pero con menos tiempo para estar como estábamos. En definitiva, estar peor que estábamos, pero encima creyéndonos que estamos igual. 

Arriesgarse es enfrentarse a decibelios de envidia. Sufrir de sordera ante el qué dirán. Pero es que es comprensible que genere envidias alguien que decide atenerse a las consecuencias de vivir la vida de uno, y no la de los demás.

A cada instante, una gran parte del mundo está a punto de casi todo. Él a punto de llamarla, ella a punto de cogerlo, el otro pensando si debería, aquella decidiendo si lo hace o no. Malos a punto de ser buenos, buenos a punto de hacerlo peor. Oportunidades a punto de desperdiciarse, trabajos a punto de paro, relaciones a punto de caramelo, infidelidades a punto de perder su fe. Todos paralizados por no plantearse qué es lo peor que les puede pasar, qué es lo mejor que les puede dejar de pasar.

Hoy rompo todas mis lanzas por aquellos que se arriesgan.
Y caen. Aunque sea en la cuenta. 

"Equivocarse no es ser imbécil. Es más bien empezar a serlo un poco menos"
"Como ya apuntó el maestro, hoy día, cuando dices algo, molestas a alguien. O dicho de otro modo, si cuando hablas nadie se molesta, eso es que no has dicho absolutamente nada" 
"La estupidez es como la halitosis, o como una falta de ortografía. La sufre todo el mundo, menos quien la comete"
"Estamos tan mentidos que incluso la verdad nos parece mentira"
"Los niños buenos hace rato que fueron sustituidos por perritos falderos, que cagan menos y acompañan más"
"Tener sexo con ella es como saber si un día por la mañana hace sol. Lo acabarás consiguiendo si eres capaz de no mirarlo fijamente"
"No hay ataúdes de 2 plazas. Hazte a la idea. Morirse es como tirarse un pedo, un proceso individual e irreversible de consecuencias tan desagradables e incómodas como predecibles".

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